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Mostrando las entradas con la etiqueta Día de la Bandera

Carta a mi celosa consentida

A ti, mi celosa consentida. A ti, la de la hermosa estampa y los alegres colores del alma bien nacida. La de los mil tamaños, la de las mil reproducciones. La de los millones de corazones. Quiero dedicarte estas palabras para que sepas que entiendo por qué cubriste tu belleza de los ojos impíos. Te comprendo perfectamente bien, soberbia dama. Las de tu clase tienen en alto precio su dignidad y no se ofrecen a la insaciable sed de los ultrajadores de poca monta. Ojalá hubieran podido hacer lo que tú las mujeres de Atenco, quienes siendo igualmente dignas y de alegres colores, no pudieron evitar ser mancilladas ¿qué se podía esperar si todo fue malignamente premeditado, ejecutado con todo lujo de belicismo, y ahora hasta celebrado por los indignos impartidores de (in)justicia?. Los agresores son los mismos que intentaron hacerte jirones para su particular placer pervertido, pero tú, tan alto, tan alto –como dice la canción de mi paisano el de Dolores- te fue más fácil que a ellas negarl...