
¿Por qué un "proyecto alternativo de nación"? ¿Qué significa eso?
Desde el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988) se ha aplicado el el país un modelo económico conocido como neoliberalismo, el cual tiene como axioma fundamental la búsqueda de la disminución del intervencionismo del Estado a fin de permitir una mayor movilidad de la economía: el objetivo es aumentar la riqueza de un país mediante la supresión de una reglamentación severa: es el imperio del "sálvese quien pueda" y "el que tenga más saliva, que trague más pinole".
Sin embargo, a toda la humanidad que habita en el hemisferio occidental, desde que Rousseau formuló sus teorías del Contrato social, le queda claro que la función del Estado es proveer de las condiciones óptimas elementales de vida a todos sus ciudadanos. Es decir, el Estado es como una gran mamá cuya misión es vigilar que todos sus hijos tengan las mismas oportunidades de desarrollo. Por eso el neoliberalismo ha fracasado a escala mundial.
En el caso de los países desarrollados, donde la mayor parte de la población tiene acceso a servicios de seguridad social de calidad, es procedente el buscar una mayor libertad en lo tocante a su desarrollo económico, pues finalmente todos los actores sociales contarán en términos generales con las mismas herramientas en la defensa de sus intereses ante los embates de los competidores.
Sin embargo, estos mismos pueblos concluyeron que este tipo de modelo los puede llevar al cabo de un tiempo al caos, pues prácticamente se empezarían a comer unos con otros, poniendo el riesgo la unidad nacional y por ende, la supervivencia del grupo social, de la etnia. No olvidemos que el ser humano sólo puede sobrevivir perteneciendo a un grupo.
La dinámica neoliberal en los países subdesarrollados es aún más delicada. Como sabemos, en los países del tercer mundo -como el nuestro- los ciudadanos no tienen las mismas oportunidades de desarrollo; existe una gran desigualdad socioeconómica, presentándose el fenómeno de la concentración de la riqueza: unos pocos controlan la riqueza de un país, mientras que la mayoría sobrevive en condiciones paupérrimas.
Huelga decir que ello no fomenta la competencia honesta, sino que tendremos una mayor acentuación del fenómeno de concentración de la riqueza.
Claro que como ello conviene a la oligarquía gobernante -la cual se beneficia del trabajo de la mayoría empobrecida-, pues se ha mantenido vigente este modelo económico, máxime si tomamos en cuenta una particularidad de nuestro país: México tuvo una etapa de colonialismo, conocida como virreinato, donde las castas superiores eran grupos muy cerrados, cuyo parámetro de inclusión eran los ascendentes sanguíneos europeos.
Esta estructura se ha mantenido vigente desde hace más de 500 años, es por ello que después de la Revolución, estas antiguas familias de origen español vieron seriamente amenazados sus intereses, pues se dio el proceso de nacionalización no sólo de las riquezas del país, sino de la actividad política misma.
Desgraciadamente, en el camino se fueron desvirtuando los postulados de la Revolución, que fueron enarbolados por el PRI, hasta desembocar en el sexenio de Salinas, donde nos enfrentamos al descarado abandono de los preceptos revolucionarios en aras de un pacto progresivo y tácito con los postulados de la oligarquía conservadora, representados en el ideario de Acción Nacional.
A los escarceos entre la estructura corrupta del PRI y los intereses de clase del PAN se le conoce como "concertacesión" y comenzó precisamente en nuestro estado, en Guanajuato, donde ante un muy discutido triunfo electoral de Ramón Aguirre como gobernador, se dio paso a la cesión del Ejecutivo local al PAN en la figura del gobernador interino Carlos Medina Plascencia a cambio del apoyo incondicional a las prácticas corruptas, empobrecedoras y vendepatrias de Salinas de Gortari.
Desde entonces la calidad de vida de los mexicanos ha ido de mal en peor: hoy el campo se encuentra prácticamente abandonado obligando a miles de paisanos a emigrar hacia gringolandia; de hecho, la mayor parte de nuestras "mexicanísimas" tortillas se hacen con maíz importado de E.U.
La industria nacional prácticamente ha desaparecido; hoy importamos toda clase de enseres de china y lo único que vemos a lo largo de los trayectos carreteros de nuestro estado son las desmontables naves de las maquiladoras, que como pueden estar hoy aquí, mañana ya se mudaron hasta con el perico a otros países que les prometan jugosas ganacias a costa de las condiciones de seguridad social de sus trabajadores, las cuales suelen irse reduciendo al máximo ante la complacencia del gobierno.
La educación es uno de los rubros donde el problema se siente más. Hoy tenemos una educación básica donde los ideales nacionalistas están prácticamente borrados en aras de una "integración global", cuando en realidad lo que vemos es que los países desarrollados van en sentido contrario, pues ellos refuerzan sus lazos de identidad y practican el proteccionismo de sus productos. Ni que decir de la educación superior, encaminada a la obtención de trabajo en las maquiladoras y no al desarrollo de las capacidades creativas que podrían arrojar divisas al país mediante la creación de patentes únicas: ciencia, cultura e investigación son rubros erradicados del vocabulario juvenil universitario.
Por ello, es necesario que cambiemos el rumbo, que trabajemos en la construcción de otro Proyecto de Nación. México está llamado a ser un país desarrollado, donde las desigualdades socioeconómicas sean reducidas al máximo y donde todas las culturas tengan las mismas oportunidades de acceder a condiciones de vida óptimas.
Para ello debemos emprender un cambio de las estructuras internas del país, es decir, trabajar por una reforma de fondo, no de forma, como lo propone la derecha, que nos quiere seguir cambiando espejitos por oro.
A plantear cómo podemos realizar ese cambio y a darles a conocer las propuestas de país que no salen en la tele porque no les conviene a los señores del poder, es que va encaminada la labor de este blog.
Desde el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988) se ha aplicado el el país un modelo económico conocido como neoliberalismo, el cual tiene como axioma fundamental la búsqueda de la disminución del intervencionismo del Estado a fin de permitir una mayor movilidad de la economía: el objetivo es aumentar la riqueza de un país mediante la supresión de una reglamentación severa: es el imperio del "sálvese quien pueda" y "el que tenga más saliva, que trague más pinole".
Sin embargo, a toda la humanidad que habita en el hemisferio occidental, desde que Rousseau formuló sus teorías del Contrato social, le queda claro que la función del Estado es proveer de las condiciones óptimas elementales de vida a todos sus ciudadanos. Es decir, el Estado es como una gran mamá cuya misión es vigilar que todos sus hijos tengan las mismas oportunidades de desarrollo. Por eso el neoliberalismo ha fracasado a escala mundial.
En el caso de los países desarrollados, donde la mayor parte de la población tiene acceso a servicios de seguridad social de calidad, es procedente el buscar una mayor libertad en lo tocante a su desarrollo económico, pues finalmente todos los actores sociales contarán en términos generales con las mismas herramientas en la defensa de sus intereses ante los embates de los competidores.
Sin embargo, estos mismos pueblos concluyeron que este tipo de modelo los puede llevar al cabo de un tiempo al caos, pues prácticamente se empezarían a comer unos con otros, poniendo el riesgo la unidad nacional y por ende, la supervivencia del grupo social, de la etnia. No olvidemos que el ser humano sólo puede sobrevivir perteneciendo a un grupo.
La dinámica neoliberal en los países subdesarrollados es aún más delicada. Como sabemos, en los países del tercer mundo -como el nuestro- los ciudadanos no tienen las mismas oportunidades de desarrollo; existe una gran desigualdad socioeconómica, presentándose el fenómeno de la concentración de la riqueza: unos pocos controlan la riqueza de un país, mientras que la mayoría sobrevive en condiciones paupérrimas.
Huelga decir que ello no fomenta la competencia honesta, sino que tendremos una mayor acentuación del fenómeno de concentración de la riqueza.
Claro que como ello conviene a la oligarquía gobernante -la cual se beneficia del trabajo de la mayoría empobrecida-, pues se ha mantenido vigente este modelo económico, máxime si tomamos en cuenta una particularidad de nuestro país: México tuvo una etapa de colonialismo, conocida como virreinato, donde las castas superiores eran grupos muy cerrados, cuyo parámetro de inclusión eran los ascendentes sanguíneos europeos.
Esta estructura se ha mantenido vigente desde hace más de 500 años, es por ello que después de la Revolución, estas antiguas familias de origen español vieron seriamente amenazados sus intereses, pues se dio el proceso de nacionalización no sólo de las riquezas del país, sino de la actividad política misma.
Desgraciadamente, en el camino se fueron desvirtuando los postulados de la Revolución, que fueron enarbolados por el PRI, hasta desembocar en el sexenio de Salinas, donde nos enfrentamos al descarado abandono de los preceptos revolucionarios en aras de un pacto progresivo y tácito con los postulados de la oligarquía conservadora, representados en el ideario de Acción Nacional.
A los escarceos entre la estructura corrupta del PRI y los intereses de clase del PAN se le conoce como "concertacesión" y comenzó precisamente en nuestro estado, en Guanajuato, donde ante un muy discutido triunfo electoral de Ramón Aguirre como gobernador, se dio paso a la cesión del Ejecutivo local al PAN en la figura del gobernador interino Carlos Medina Plascencia a cambio del apoyo incondicional a las prácticas corruptas, empobrecedoras y vendepatrias de Salinas de Gortari.
Desde entonces la calidad de vida de los mexicanos ha ido de mal en peor: hoy el campo se encuentra prácticamente abandonado obligando a miles de paisanos a emigrar hacia gringolandia; de hecho, la mayor parte de nuestras "mexicanísimas" tortillas se hacen con maíz importado de E.U.
La industria nacional prácticamente ha desaparecido; hoy importamos toda clase de enseres de china y lo único que vemos a lo largo de los trayectos carreteros de nuestro estado son las desmontables naves de las maquiladoras, que como pueden estar hoy aquí, mañana ya se mudaron hasta con el perico a otros países que les prometan jugosas ganacias a costa de las condiciones de seguridad social de sus trabajadores, las cuales suelen irse reduciendo al máximo ante la complacencia del gobierno.
La educación es uno de los rubros donde el problema se siente más. Hoy tenemos una educación básica donde los ideales nacionalistas están prácticamente borrados en aras de una "integración global", cuando en realidad lo que vemos es que los países desarrollados van en sentido contrario, pues ellos refuerzan sus lazos de identidad y practican el proteccionismo de sus productos. Ni que decir de la educación superior, encaminada a la obtención de trabajo en las maquiladoras y no al desarrollo de las capacidades creativas que podrían arrojar divisas al país mediante la creación de patentes únicas: ciencia, cultura e investigación son rubros erradicados del vocabulario juvenil universitario.
Por ello, es necesario que cambiemos el rumbo, que trabajemos en la construcción de otro Proyecto de Nación. México está llamado a ser un país desarrollado, donde las desigualdades socioeconómicas sean reducidas al máximo y donde todas las culturas tengan las mismas oportunidades de acceder a condiciones de vida óptimas.
Para ello debemos emprender un cambio de las estructuras internas del país, es decir, trabajar por una reforma de fondo, no de forma, como lo propone la derecha, que nos quiere seguir cambiando espejitos por oro.
A plantear cómo podemos realizar ese cambio y a darles a conocer las propuestas de país que no salen en la tele porque no les conviene a los señores del poder, es que va encaminada la labor de este blog.
POR EL BIEN DE TODOS, PRIMERO LOS POBRES